El Papa en el Ángelus: Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior

Este 22 de marzo, V Domingo de Cuaresma, y a pocos días de iniciar la Semana Santa, el Pontífice invitó en su reflexión previa a la oración del Ángelus a encomendarnos a la Virgen María para que nos ayude a vivir estos días santos: "con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado".
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
"El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad", lo dijo el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus de este domingo 22 de marzo, ante los miles de fieles y peregrinos que se dieron cita en la Plaza de san Pedro.
Un signo de la victoria de Cristo sobre la muerte
Al comentar el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma, el Santo Padre señaló que, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). Y dijo que, en el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo.
"Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26)".
Abrirnos al don de la gracia durante la Semana Santa
En este sentido, el Pontífice indicó que, la liturgia nos invita a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.
"De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida".
Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior
Y dirigiendo su mirada a nuestro tiempo, el Papa dijo que la gracia de Cristo ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales.
"Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1)".
Liberar nuestros corazones del egoísmo
Es en este contexto, precisó el Santo Padre que, el relato de la resurrección de Lázaro nos invita, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en los sepulcros del egoísmo, el materialismo, la violencia y la superficialidad.
"En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad".
Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43)
Antes de invocar la materna intercesión de la Virgen María para que nos ayude a vivir la Semana Santa "con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado", el Papa León XIV dijo que, Jesús nos invita a amar sin límites.
"Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites".
