LA TRANSFIGURACIÓN: EXPERIENCIA DE LUZ PARA LOS MOMENTOS DE OSCURIDAD

En el segundo domingo de Cuaresma, Mons. Martín propuso contemplar la experiencia de la Transfiguración como una luz necesaria para atravesar los momentos de oscuridad. Así como los apóstoles necesitaban ver la gloria de Jesús para sostenerse ante la cruz y la persecución, también nosotros necesitamos recordar las experiencias fuertes de Dios en nuestra vida para no paralizarnos frente al fracaso, el temor o el desánimo.
El Obispo subrayó que la vida no se vive "en pedacitos", sino como una totalidad en construcción. Mirar el pasado no es refugiarse en la nostalgia, sino recuperar la fuerza de aquellas experiencias que nos levantaron el alma para iluminar el presente y caminar hacia adelante con esperanza.
Destacó también la importancia de la oración, no como evasión ni como búsqueda de consuelos pasajeros, sino como renovación interior que nos devuelve a la vida cotidiana, donde "se juega el partido": en las relaciones concretas, en los desafíos diarios, en el trato con quienes creen y con quienes no creen.
Finalmente, retomó la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado, escúchenlo". Escuchar verdaderamente a Jesús transforma la vida: cambia la mirada sobre el mundo y los demás, replantea los valores, redescubre la dignidad propia y ajena, y conduce a un amor más auténtico. La felicidad cristiana no consiste en ausencia de cruz, sino en descubrir el sentido profundo de la vida, incluso en medio de ella.
