1 de mayo: trabajo digno, esperanza compartida

En el marco del Día de los Trabajadores, los Obispos del Uruguay difundieron un mensaje en el que destacan el valor del trabajo como fuente de dignidad, realización personal y construcción del bien común. Al tiempo que expresan cercanía con quienes sostienen la vida cotidiana del país, advierten sobre los desafíos actuales vinculados a los cambios tecnológicos, la precarización laboral y el impacto de los conflictos internacionales en la economía y el empleo.
El documento reconoce las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial, pero subraya la necesidad de que estas herramientas estén al servicio de la persona, promoviendo inclusión y evitando nuevas formas de exclusión. Asimismo, señala problemáticas persistentes en Uruguay como el desempleo, la informalidad y la dificultad de acceso al trabajo para jóvenes y personas fuera del mercado laboral.
Los obispos también ponen en valor el trabajo no remunerado, especialmente en el ámbito del cuidado, e insisten en la importancia de una economía centrada en la dignidad humana, la solidaridad y la justicia social. En este sentido, destacan iniciativas de inclusión laboral —como la reinserción de personas privadas de libertad— como signos concretos de esperanza.
Finalmente, convocan a todos los actores sociales a renovar el compromiso por el trabajo digno, promoviendo políticas y prácticas sostenibles que cuiden la "casa común" y generen oportunidades reales para todos. En este 1° de mayo, afirman, el trabajo sigue siendo signo de esperanza que se construye en conjunto.
1 de mayo: trabajo digno, esperanza compartida
Mensaje de los obispos del Uruguay con motivo del Día de los Trabajadores.
En este nuevo Día de los Trabajadores, los Obispos del Uruguay queremos hacernos cercanos a tantas personas de nuestro país que, con su esfuerzo cotidiano, sostienen la vida de sus familias y de nuestra sociedad. El trabajo no es solo una fuente de ingresos: es un espacio de dignidad, de realización personal, de encuentro y de construcción del bien común.
Vivimos tiempos de profundas transformaciones. La irrupción de la inteligencia artificial y de nuevas tecnologías genera incertidumbres legítimas. Muchas personas temen por la pérdida de empleo o por la precarización de sus condiciones laborales. Sin desconocer estos riesgos, creemos necesario abrir también una mirada de esperanza: estamos llamados a discernir esos cambios con inteligencia y creatividad. Estas herramientas pueden convertirse en aliadas para mejorar la calidad del trabajo, generar nuevas y diferentes oportunidades, ampliando las capacidades. Los documentos recientes del magisterio de la Iglesia nos dicen que la tecnología debe estar al servicio del ser humano y no sustituirlo ni descartarlo, promoviendo el trabajo digno sin dejar a nadie atrás. El desafío es colectivo: formar, acompañar y generar oportunidades para que vayamos incluyendo a más personas.
Al mismo tiempo, el mundo atraviesa conflictos bélicos cuyas consecuencias se sienten más allá de las fronteras. Las guerras no solo destruyen vidas y comunidades; también impactan en la economía global, encarecen el costo de vida, afectan el empleo y agravan las desigualdades dejando huellas profundas y duraderas en la economía y en los ámbitos laborales. En contextos como el nuestro, estas repercusiones se traducen en mayor vulnerabilidad para quienes ya estaban en situación frágil y nuevas vulnerabilidades que percibimos a través de la falta de oportunidades. Nos preocupa especialmente cómo estas dinámicas pueden consolidar formas de exclusión profundas y duraderas.
En Uruguay, si bien contamos con derechos laborales establecidos, persisten desafíos significativos: el desempleo y el subempleo, la informalidad, la desigualdad de oportunidades, la situación de los jóvenes que buscan su primer trabajo y las dificultades de quienes han quedado fuera del mercado laboral, las condiciones de trabajo que muchas veces no garantizan estabilidad ni protección suficiente. Todo esto nos interpela como sociedad.
Queremos también visibilizar el trabajo no remunerado, especialmente el que se realiza en el ámbito del cuidado. Miles de personas, en su mayoría mujeres, sostienen la vida cotidiana desde tareas como el cuidado de la familia, hijos, adultos mayores. Revalorizar el cuidado y la gratuidad es clave para una sociedad más justa y humana.
Desde nuestra misión, reafirmamos que el trabajo debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio del trabajo. Por eso, hacemos un llamado a fortalecer una economía que ponga en el centro la dignidad humana, que promueva la inclusión, la solidaridad y la justicia social. Una economía que no descarte, que integre, que genere oportunidades reales.
Queremos destacar y alentar iniciativas que apuestan por la inclusión real. Experiencias de reinserción laboral de personas privadas de libertad o liberadas, impulsadas por empresas comprometidas, son un ejemplo concreto de responsabilidad social y de construcción de oportunidades. Estas acciones muestran que es posible generar caminos de integración cuando existe voluntad de acompañar y confiar y se apuesta por la dignidad de cada persona.
Invitamos a todos los actores sociales —Estado, empresas, organizaciones y ciudadanía— a renovar el compromiso por el trabajo digno en un mundo profundamente vinculado al cuidado de la casa común. Por ello alentamos modelos productivos y laborales que sean sostenibles, cuiden los recursos naturales promoviendo una ecología integral. Apostamos por la formación, por el acompañamiento a quienes más lo necesitan, por políticas públicas que protejan y promuevan el empleo de calidad y por prácticas empresariales y sindicales responsables. Es el camino para construir un futuro más justo. Cuidar la casa común también es generar condiciones de trabajo que respeten la vida, la salud y el futuro de las próximas generaciones.
En este 1° de mayo, queremos decir con fuerza que el trabajo es esperanza y que esta esperanza se construye juntos, reconociendo la dignidad de cada persona y comprometiéndonos como sociedad.
A san José Obrero, que enseñó a trabajar a Jesús, le pedimos que nos acompañe en este camino e interceda por todo nuestro pueblo.
Los Obispos del Uruguay
1° de mayo de 2026
