Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época (V)

29.10.2026

Capítulo III

El cambio de época

43. Merece una atención especial el contexto de la transmisión de la fe objeto de las presentes Consideraciones, expresado a través de la categoría de "cambio de época". Como es sabido, fue el Papa Francisco quien dio a conocer esta expresión en su discurso a la Curia romana con motivo del intercambio de felicitaciones navideñas, el 21 de diciembre de 2019, al afirmar que: «No estamos viviendo simplemente una época de cambios, sino un cambio de época. Por tanto, estamos en uno de esos momentos en que los cambios no son más lineales, sino de profunda transformación; constituyen elecciones que transforman velozmente el modo de vivir, de interactuar, de comunicar y elaborar el pensamiento, de relacionarse entre las generaciones humanas, y de comprender y vivir la fe y la ciencia»[26]. Como ya recordaba hace más de diez años el Documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en mayo de 2007 en Aparecida (Brasil), de ese cambio «cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios»[27].

44. Esta situación está vinculada fundamentalmente a la crisis del modelo cultural de la modernidad, que afecta de manera especial al contexto europeo. Cabe preguntarse, por tanto, si hablar de "cambio de época", en singular, hace plena justicia a los procesos a los que se enfrentan las Iglesias en todas partes del mundo. La respuesta a esta pregunta es sin duda afirmativa, al menos si nos mantenemos en un plano general, por razones relacionadas con el conocido fenómeno de la globalización, que ha favorecido la difusión efectiva del influjo de la cultura occidental en todas las regiones del planeta. Por otra parte, es innegable que algunas experiencias, como la tragedia de la pandemia del COVID-19, han reforzado la conciencia generalizada de pertenecer a una única familia, aunque no faltan tendencias que se mueven en dirección opuesta[28].

45. La urgencia de abordar las cuestiones surgidas por este cambio de época también fue puesta de manifiesto por el Papa León XIV en su primera Carta encíclica Magnifica humanitas: «Estamos viviendo una rápida fase de transición, un "cambio de época" en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?»[29]. El Santo Padre ha destacado los rasgos generales de dicho cambio: «La inteligencia artificial y otras innovaciones están remodelando nuestra concepción del trabajo y de las relaciones, e incluso planteando preguntas sobre la identidad humana. La degradación ecológica amenaza nuestra casa común. Los sistemas políticos a menudo no responden al clamor de los pobres. El populismo y la polarización ideológica agravan las divisiones entre las naciones. Muchos se ven afectados por el consumismo, el individualismo y la indiferencia»[30]. A ello se puede sumar también la creciente brecha económica, que, con frecuencia, conduce a la desestabilización de regiones enteras. Se trata de factores globales que conllevan profundos cambios sociales. Estas transformaciones afectan prácticamente a todos los contextos culturales y no dejan de lado ni siquiera a la Iglesia, ya que esta está encarnada en la historia y participa en la vida de los pueblos.

46. Por un lado, de hecho, el atractivo que ejerce un estilo de vida económicamente acomodado y la legítima aspiración a unas mejores condiciones de existencia, favorecida también por el mencionado desarrollo tecnológico, contribuyen a la difusión de mentalidades materialistas e individualistas en todos los continentes. Esto, junto con otros factores, alimenta a nivel global el fenómeno de las migraciones, a menudo marcado por aspectos dramáticos. Por otro lado, estos mismos procesos, incluso en los países de antigua evangelización, han favorecido la formación de contextos multiculturales en los que, junto al secularismo, conviven las instancias culturales propias de pueblos diversos, llamados a afrontar el reto de una convivencia pacífica. Por lo tanto, es necesario reconocer que estas dinámicas no se viven de manera uniforme en las distintas regiones del planeta. Del mismo modo, cabe destacar que la relación con la modernidad occidental —que caracteriza sobre todo a un perfil concreto de Iglesia— se manifiesta de formas diferentes según las culturas a las que pertenecen las distintas comunidades cristianas. Esta realidad es reconocida por el Papa León XIV: «El Pueblo de Dios no sólo está compuesto por muchos pueblos, sino que en su interior está tejido de funciones, vocaciones, culturas y tradiciones diversas, llamadas a apoyarse y enriquecerse mutuamente. […] La tensión fecunda entre la universalidad de la misión y el arraigo local forma parte íntima de la vida de la Iglesia: ella lleva en su aliento el horizonte del mundo entero, pero asume las preguntas de cada contexto como el lugar real en el que el Evangelio cobra vida»[31]. Se puede concluir, por tanto, que uno de los aspectos más relevantes del cambio de época se refiere al establecimiento de una nueva relación entre la fe —y, por tanto, su transmisión— y las culturas.

[27] Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe, Documento final de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13-31 mayo 2007), 44.

[28] Cf. Francisco, Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 30: AAS 112 (2020), 979-980.

[29] León XIV, Carta enc. Magnifica humanitas (15 mayo 2026), 6.

[30] Id., Discurso a los Superiores mayores de la Compañía de Jesús (24 octubre 2025): L'Osservatore Romano, 24 de octubre de 2025, 5.

[31] Id., Carta enc. Magnifica humanitas (15 mayo 2026), 26.

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