EL OBISPO: "LA FE ES UN DIÁLOGO COTIDIANO QUE CULTIVAMOS EN EL ENCUENTRO CON DIOS"

04.07.2026

En Mendoza Grande, Mons. Alfonso celebró la Eucaristía junto a la comunidad local ampliada por los jóvenes del movimiento jesuita Pachacutí, las familias de tres niñas que recibieron el Bautismo y gente de las comunidades franciscanas de Florida. Durante la homilía el Obispo invitó considerar tres cosas: la fe que nace del encuentro personal con Jesucristo, el testimoniar en la propia realidad que vivimos y la perseverancia esperanzada. 

La fe nace de un encuentro personal con Jesucristo

Mons. Alfonso destacó que la liturgia debe hablar a la vida concreta de cada creyente y retomando la pregunta de Jesús en el Evangelio ("¿Y tú quién dices que soy yo?") invitó a cada persona a revisar su propia relación con Cristo. Señaló que la fe no es una respuesta dada una vez para siempre, sino un diálogo que debe cultivarse cada día mediante el encuentro personal con el Señor.

Cada persona está llamada a testimoniar la fe desde su propia realidad

El Obispo subrayó las diferencias entre Pedro y Pablo: uno pescador, el otro hombre instruido; uno vinculado a Israel, el otro evangelizador de los pueblos. A partir de ello afirmó que la fe no se vive de manera uniforme, sino que se encarna en cada persona según sus dones, carismas e historia. En este sentido, animó a descubrir cómo cada uno puede dar testimonio de Cristo desde su propia vocación y circunstancias. Esta reflexión resonó especialmente en la comunidad que recibió durante la semana a los jóvenes del movimiento jesuita Pachacutí —"mundo al revés"—, quienes compartieron jornadas de servicio, evangelización y animación con niños y familias de Mendoza Grande.

Perseverar en el combate de la fe con la mirada puesta en el Reino

A partir de la segunda carta a Timoteo, Mons. Alfonso recordó las palabras de San Pablo: "He peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe". Explicó que la vida cristiana exige perseverancia frente a las dificultades, las incomprensiones y los desafíos cotidianos. "Se puede perder una pelea, pero no el combate", expresó, alentando a seguir adelante con esperanza. La meta, señaló, es el encuentro definitivo con el Señor, mientras se fortalece la fe a través de la oración, el servicio y la vida en comunidad.


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