En los 205 años de Durazno, una oración por la ciudad y un llamado al compromiso de los cristianos

En la celebración de la Eucaristía por los 205 años de la fundación de Durazno, Mons. Alfonso invitó a rezar por la ciudad y por el país, y a renovar el compromiso de los cristianos con la sociedad.
Destacó especialmente la vocación de los laicos a ser testigos de Cristo en las realidades cotidianas, como la familia, el trabajo y la política, contribuyendo a construir una sociedad basada en los valores del Evangelio.
En medio de los festejos públicos, señaló la importancia de celebrar la Eucaristía, presencia de Cristo que acompaña a su pueblo y anima a anunciar el Reino de Dios con la propia vida.
A partir del Evangelio del día, el obispo reflexionó sobre el signo de Jonás y la necesidad de reconocer en Jesucristo, muerto y resucitado, el signo más grande que Dios ha dado a la humanidad. En lugar de esperar nuevas señales, invitó a transformar la mirada y cultivar una actitud interior capaz de reconocer la presencia de Jesús en la propia vida y en la realidad que nos toca vivir.
Al referirse al contexto cultural uruguayo, marcado por el laicismo, Mons. Alfonso recordó que la identidad cristiana no debe separar a los creyentes de la sociedad, sino impulsarlos a ser, como la sal y la levadura, una presencia que contribuya a transformarla.
Subrayó la importancia de defender la dignidad humana y ayudar a que cada persona desarrolle las capacidades que Dios ha puesto en su corazón.
Finalmente, exhortó a vivir la vocación cristiana con autenticidad, radicalidad y transparencia, siendo signos de amor, resurrección y esperanza, aunque los demás no siempre los reconozcan como tales.
