ESCUDO EPISCOPAL DE MONS. ALFONSO BAUER sdb

Descripción
Escudo tronchado: en el cantón diestro del jefe, campo de plata (blanco) cargado de un corazón de gules (rojo) inflamado de llamas del mismo color; en el cantón siniestro de la punta, campo de azur (azul) cargado de una estrella de ocho puntas de plata (blanco).
Por ornamentos exteriores, el escudo está timbrado por una cruz procesional de oro (amarillo) en palo.
El capelo episcopal de sinople (verde) pende sobre el conjunto con sus cordones y borlas del mismo color, seis por lado dispuestas en filas de uno, dos y tres, propias de la dignidad episcopal.
En la parte inferior, una filacteria desplegada lleva el lema pastoral: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10,37b). El versículo se enmarca en la parábola del Buen Samaritano, donde Jesús le dice al maestro de la ley: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10,37b). Jesús mismo se nos presenta como ese Buen Samaritano que cuida de nuestra persona, se conmueve, se acerca y venda las heridas del corazón, para que podamos amarlo a Él y servirlo en el hermano, en la hermana. Quienes han sido cuidados por el Samaritano quedan habilitados para recorrer su mismo camino, cuidando del prójimo, amándolo como y porque Él nos ha amado. Este «cuidar» es la misión de la Iglesia, que continúa la del Samaritano, y nos invita a ponernos en camino («ve») y cumplir su misma misión («haz tú lo mismo»).
El corazón en llamas
La caridad pastoral es un impulso apostólico que mueve a buscar las almas y servir únicamente a Dios. Caridad es el nombre del amor de Dios (cf. 1 Jn 4,8) y el distintivo de los discípulos de Jesús (Jn 13,35): es el centro de toda vida cristiana y, por tanto, de toda vida apostólica. Es caridad en movimiento, que necesita actuar y realizarse de forma práctica: ardor, fervor, fuego y celo incontenible; caridad ferviente, generosa, alegre, dinámica. En sus dos dimensiones esenciales —amor al Padre, a cuyo Reino se desea servir, y amor al prójimo, a quien se quiere llevar la buena noticia de la salvación— expresa la participación en la misión de Jesús buen pastor.
La estrella
Estrella del alba… Así comienza el canto mariano a la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, cuya imagen se venera en Florida. Ella, la humilde servidora del Señor, parte sin demora hacia lo de su prima Isabel llevando en su seno al mismo Jesús, convirtiéndose así en la primera misionera, que hace presente a Cristo y provoca la alegría del encuentro. Bajo su protección se confía la misión, para que como al comienzo de nuestra patria se puso al lado de los orientales para interceder por la libertad, siga intercediendo por cada uno de quienes habitan nuestra tierra, llevándoles a Jesús, para que un día puedan gozar de la presencia del Señor en el cielo.
