EVANGELII GAUDIUM CENTRAL EN LA CONVOCATORIA DEL PAPA A LOS CARDENALES

14.04.2026

Carta del Santo Padre

Eminentísimo Señor Cardenal:

En el tiempo santo de la Pascua deseo hacerle llegar mi saludo cordial y fraterno, para que la paz del Señor resucitado sostenga y renueve a nuestro mundo sufriente.

Aprovecho con gusto esta ocasión para renovarle mi gratitud por su participación en el Consistorio del pasado mes de enero. He apreciado mucho el trabajo realizado en los grupos, que ha permitido un intercambio libre, concreto y espiritualmente fecundo, así como la calidad de las intervenciones en la asamblea. Las contribuciones recogidas constituyen un patrimonio precioso que deseo seguir custodiar y hacer madurar en el discernimiento eclesial.

En el discurso conclusivo de aquel encuentro ya mencioné algunos elementos surgidos de los grupos dedicados a la sinodalidad. Deseo ahora detenerme de modo particular en lo que ha madurado en los grupos respecto a Evangelii gaudium, especialmente en relación con la misión y la transmisión de la fe.

De sus aportes aparece con claridad cómo dicha Exhortación continúa representando un punto de referencia decisivo: no introduce simplemente nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial. Ha sido reconocida como un verdadero "soplo nuevo", capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia.

Han subrayado cómo esta perspectiva interpela a la Iglesia en todos los niveles.
A nivel personal, recuerda a cada bautizado renovar el encuentro con Cristo, pasando de una fe simplemente recibida a una fe realmente vivida y experimentada; en este camino también se ve implicada la calidad misma de la vida espiritual, en el primado de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida.
A nivel comunitario, impulsa el paso de una pastoral de conservación a una pastoral misionera, en la cual las comunidades sean sujetos vivos del anuncio: comunidades acogedoras, capaces de usar lenguajes comprensibles, atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, acompañamiento y sanación.
A nivel diocesano, emerge con claridad la responsabilidad de los Pastores de sostener con decisión la audacia misionera, vigilando que no se vea sobrecargada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo que es esencial.

De todo esto surge una comprensión de la misión profundamente unitaria: una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista. Es una misión integral, que mantiene unidos el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de simple conservación o expansión institucional. Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia está llamada a vivir sin complejos, como un pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es la propia supervivencia, sino la comunicación del amor con que Dios ama al mundo.

Entre las indicaciones específicas surgidas, algunas merecen ser acogidas y ulteriormente meditadas: la necesidad de relanzar Evangelii gaudium para verificar con honestidad qué, a distancia de años, ha sido realmente recibido y qué, en cambio, permanece todavía desconocido y no puesto en práctica. De modo particular debe prestarse atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana; a la atención por valorizar también las visitas apostólicas y pastorales como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en la calidad de las relaciones; así como a la exigencia de reconsiderar la eficacia de la comunicación eclesial, también a nivel de la Santa Sede, en una clave más claramente misionera.

Con ánimo agradecido, le renuevo mi agradecimiento por su servicio y por la contribución ofrecida a la vida de la Iglesia. Con vistas al próximo Consistorio, que se celebrará los días 26 y 27 de junio, seguirá una comunicación más detallada para acompañar adecuadamente su preparación.

En el Señor resucitado, fuente de nuestra esperanza, reciba mis más cordiales deseos pascuales.

Con fraterna estima, en Cristo.

Vaticano, 12 de abril de 2026

LEÓN PP. XIV

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