POR UNA IGLESIA SINODAL, SAMARITANA, AL ENCUENTRO DE LAS PERSONAS HERIDAS O MARGINADAS

En su acción de gracias, el Obispo Alfonso expresó:
"Por otro lado, aparte de agradecer, comparto lo que siento al iniciar mi ministerio y que quise plasmarlo en el escudo episcopal.
Espero que podamos animar una Iglesia sinodal, donde todos tengamos lugar y nos ayudemos a ser testigos del amor de Dios, motivando a las personas y a las comunidades, recordando con sencillez la belleza del Evangelio. Una Iglesia samaritana. En primer lugar, porque uno ha hecho la experiencia de sentirse destinatario del Buen Dios Samaritano, que me cuidó, que me perdonó, que me amó... nos invita a hacer lo mismo..."Ve y haz tu lo mismo" yendo al encuentro del pobre, del necesitado, del pecador...para que pueda experimentar el amor y el perdón de Dios como uno lo experimentó.
Pienso en un servicio marcado por la cercanía, la comunión y la misión... La caridad pastoral, que es la participación de la misión de Jesús buen pastor, nos mueve al amor al Padre, a cuyo Reino queremos servir y amor al prójimo, a quienes deseamos llevar la buena noticia de la salvación. Salir al encuentro de las personas heridas o marginadas, nadie debe sentirse excluido de la Iglesia. Nadie, absolutamente nadie, debe pensarse descartado por Dios...
Por último, la presencia de María, Virgen de los Treinta y Tres. Ella nos habla de la dimensión maternal de la Iglesia...rostro de acogida y ternura...Imagen chiquita pero inspiradora de nuestra lucha. La presencia de María me ha acompañado a lo largo de mi vida...Puedo decir que soy un gran devoto de María. A Ella le encomiendo mi ministerio para que pueda vivirlo desde sus cualidades: obediencia al Señor, humildad y entrega generosa...A Ella le encomiendo la vida de nuestra diócesis, la vida de cada uno de ustedes...
Virgen de los Treinta y Tres, Ruega por nosotros.
Y les pido, no se olviden de rezar por mí..."
