LA CUARESMA ES UN CAMINO PARA VOLVER A LO ESENCIAL

En el Primer Domingo de Cuaresma, el Obispo Martín invitó a contemplar las tentaciones de Jesús en el desierto como una realidad que atraviesa toda su vida y también la nuestra. La tentación —explicó— no se presenta como algo evidentemente malo, sino como una seducción que aparenta ser buena y que busca apartarnos de la fidelidad a los valores elegidos y, sobre todo, de Dios como centro de la vida. Por eso, la Cuaresma es un tiempo de lucha espiritual, en el que cada persona está llamada a reconocer sus propias tentaciones y a decidir si quiere enfrentarlas.
El Obispo señaló que la tentación pretende hacernos perder la libertad y la fidelidad, generando inseguridad y vacío interior. Sin embargo, subrayó con fuerza la "buena noticia": siempre es posible recuperar lo que se ha debilitado o perdido en la relación con Dios y con los demás. La Cuaresma es precisamente ese "programa de recuperación", un tiempo para reordenar prioridades y volver a poner a Dios en el centro.

Para recorrer este camino, recordó los medios tradicionales que ofrece la Iglesia: la limosna —entendida también como dar respeto, perdón y misericordia—, la oración como escucha renovada de la Palabra, y el ayuno como ejercicio de libertad frente a aquello que nos ata. Así, este tiempo litúrgico se presenta como una oportunidad concreta de conversión para llegar a la Pascua fortalecidos en la fe, la comunión y la vida interior.
